Ayer me encontré una carta paseando por la playa, metida en una botella; decía:
Me gustas cuando ríes porque eres lo más adorable.
Me gustas cuando lloras porque necesito protegerte.
No eres la chica de mis sueños,
serás la de mí vida si me mantienes despierto.
Escucha cómo el alma te susurra, escucha.
Desolé vous, ma chére Julie.
Jesús.
Cuando la encontré, comía un par de galletas mientras paseaba por la playa, en la mañana, después de mi ducha fría, y pensaba. A mí nunca me mandaron una carta de amor, o por lo menos en mi memoria.
¿Quién sería Jesús? ¿Quién sería Julie? ¿Estaban juntos en ese día? ¿Qué estarían haciendo?
No lo sé, cogí la botella, me subí en el pequeño acantilado y volví a lanzarla.
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Tal vez la encuentren alguna mañana nublada despues de haber hecho el amor en la playa.
ResponderEliminarUn saludo y un canto de ballena. =)
A mí las cartas de amor es que me parecen muy ñoñas. Mejor que me hablen al oído.
ResponderEliminarmiau
de
caramelo